Los emisarios socialistas se habrían reunido con Francisco Martínez, ex número dos de Interior, para obtener audios sobre Kitchen.

El PSOE vuelve a aparecer en el centro de una maniobra política de alto voltaje: una presunta operación para obtener grabaciones sobre el caso Kitchen que permitieran implicar al expresidente del Gobierno Mariano Rajoy y contraatacar al PP en plena tormenta judicial del sanchismo.
La información conocida este lunes 1 de junio de 2026 sitúa a emisarios vinculados al entorno socialista reuniéndose con Francisco Martínez, ex secretario de Estado de Seguridad y antiguo número dos de Jorge Fernández Díaz, para grabar conversaciones en las que se habría señalado a Rajoy como conocedor o responsable político de la Operación Kitchen.
Conviene separar el ruido de los hechos: el caso Kitchen es la causa que investiga el presunto operativo parapolicial montado en 2013 para espiar al extesorero del PP Luis Bárcenas y sustraerle documentación sensible. Lo nuevo no es Kitchen. Lo nuevo es la presunta intervención de una red vinculada al PSOE para usar esa causa como arma política en un momento especialmente delicado para Pedro Sánchez.
El PSOE y las grabaciones para apuntar a Rajoy en Kitchen
Según el relato conocido, los contactos con Francisco Martínez se habrían producido meses antes del juicio de Kitchen en la Audiencia Nacional. La intención atribuida a esos movimientos era conseguir material útil para reforzar la tesis de que Mariano Rajoy estaba detrás del operativo que afectó a Bárcenas.
En esa escena aparecen dos nombres clave: Leire Díez y Javier Pérez Dolset. Ambos habrían actuado como intermediarios en una trama que la investigación sitúa en la órbita de la fontanería socialista. Y aquí la cosa deja de oler a estrategia de comunicación para parecerse bastante a una operación de cloaca con membrete político, querido lector incensurable.
Una de las frases atribuidas a Leire Díez resulta especialmente relevante por su carga política: “A mí me pone al frente el PSOE”. La expresión, recogida en las informaciones conocidas sobre el procedimiento, apunta a una actuación que no se presentaría como iniciativa espontánea, sino como una misión vinculada al partido.
Leire Díez, Dolset y el supuesto canal entre Ferraz y Moncloa
La derivada más sensible no está solo en la grabación de conversaciones, sino en el supuesto circuito político de la información. La trama habría presumido de tener interlocución con Ferraz y con el Palacio de La Moncloa, bajo la idea de que el partido y el Gobierno compartían interés en ese material.
Leire Díez habría explicado también que la mejor forma de actuar era “no ser nada”, una frase que retrata bastante bien la filosofía de toda fontanería política: moverse, presionar, grabar, obtener información y, si todo sale mal, fingir que nadie sabe nada. Manual básico de las cloacas en edición de bolsillo.
En paralelo, la investigación judicial dirigida por el juez Santiago Pedraz ha puesto bajo la lupa pagos y relaciones económicas atribuidas a esa red. Entre los datos que han trascendido figura la cifra de 188.000 euros presuntamente abonados por el PSOE mediante facturas consideradas sospechosas dentro del procedimiento.
Kitchen como contraataque en plena crisis del sanchismo
El contexto político es fundamental para entender la jugada. El presunto intento de reactivar Kitchen contra el PP habría coincidido con el desgaste del Gobierno por la trama Ábalos y por las investigaciones que afectan al entorno socialista. Dicho en castellano: si el foco apunta a Ferraz, se enciende otro foco sobre Génova.
La estrategia atribuida a los intermediarios habría buscado colocar a Mariano Rajoy y al caso Kitchen en el centro del debate mediático mientras avanzaban causas incómodas para el sanchismo. No se trata de absolver al PP de Kitchen, una causa grave que ya se juzga en sede judicial. Se trata de preguntar si el PSOE intentó manipular los tiempos, los audios y la televisión para tapar sus propios incendios.
El caso es políticamente explosivo porque mezcla tres ingredientes de alta combustión: grabaciones, justicia y uso partidista de información sensible. Cuando esos tres elementos aparecen juntos, España suele acabar descubriendo que la regeneración democrática era otra rueda de prensa con luces bonitas.
Rajoy, Bárcenas y la vieja herida de la Operación Kitchen
La Operación Kitchen sigue siendo una de las piezas más oscuras de la etapa final del marianismo. El procedimiento examina si desde Interior se utilizó una estructura policial para espiar a Luis Bárcenas y neutralizar documentación que pudiera dañar al PP durante la investigación de la caja B.
En el juicio comparecen antiguos responsables del Ministerio del Interior, mandos policiales y figuras vinculadas a aquel operativo. Francisco Martínez es uno de los acusados centrales, precisamente por su posición como número dos de Interior durante el Gobierno de Rajoy.
La novedad es que ese mismo acusado habría sido buscado por emisarios vinculados al PSOE para obtener declaraciones grabadas contra Rajoy. Si se confirma, el relato abre una pregunta incómoda: ¿quería el PSOE perseguir la verdad judicial de Kitchen o fabricar munición política para sobrevivir a su propia crisis?
El riesgo político para Pedro Sánchez y el PSOE
Para Pedro Sánchez, el problema no es solo judicial. Es de credibilidad. El PSOE ha construido durante años un discurso de superioridad moral frente a las cloacas del PP. Pero si la investigación confirma que desde el entorno socialista se impulsaron grabaciones, contactos discretos y canales opacos para atacar al adversario, el argumento se cae con estrépito.
La política española entra así en una fase aún más turbia: el partido que denuncia las cloacas ajenas tendría que explicar hasta dónde llegaban las suyas, quién las ordenó, quién pagó, quién recibió la información y qué sabía realmente la dirección socialista.
De momento, los hechos conocidos obligan a hablar con prudencia jurídica, pero también con claridad periodística: hay una presunta operación política para explotar el caso Kitchen contra el PP mientras el PSOE afrontaba causas que golpean directamente a su estructura de poder.
¿Por qué es noticia?
Es noticia porque no hablamos de una pelea más entre PSOE y PP, sino de la posible utilización de grabaciones, intermediarios y causas judiciales como material de guerra política. Si un partido en el Gobierno mueve fontaneros para condicionar el relato público de un juicio, el problema ya no es solo de comunicación: es de calidad democrática.
También importa porque retrata el momento actual del poder en España: todos denuncian cloacas cuando las sufren y todos miran al techo cuando las usan. La diferencia es que ahora el foco vuelve a Ferraz, y la pregunta es sencilla: ¿regeneración democrática o fontanería con carné del PSOE?
