Los mensajes a Vicente Fernández, ex presidente de la SEPI, permitieron a la Audiencia Nacional tirar del hilo pese al borrado de chats con Cerdán.

La conocida como fontanera del PSOE, Leire Díez, borraba de forma sistemática los mensajes que intercambiaba con Santos Cerdán, según fuentes de la investigación citadas por El Mundo. Pero nuestra amiga boomer no supo borrar otros: los que enviaba a Vicente Fernández, ex presidente de la SEPI; y ahí es donde la Audiencia Nacional ha encontrado hilo del que tirar. Y es que resulta que el análisis de los dispositivos electrónicos incautados a Díez por la Guardia Civil el pasado diciembre ha permitido localizar conversaciones con el citado Fernández en las que la ex militante socialista daba cuenta de sus contactos con el ex secretario de Organización del PSOE.
La causa está en manos del juez Santiago Pedraz, titular del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, y permanece bajo secreto de sumario. El magistrado investiga si existió una estructura para actuar contra procedimientos judiciales o policiales que pudieran afectar al PSOE, al Gobierno o al entorno de Pedro Sánchez… oootra vez.
Los mensajes que no desaparecieron
Uno de los mensajes clave es uno del 25 de abril de 2024, un día antes de una reunión en la sede socialista por la imputación de la excelentísima presidenta del Gobierno Begoña Gómez. Díez escribió a Fernández: «Me voy de urgencia a Madrid. Me ha mandado Santos ir. Tenemos información que ayudaría al presidente». Otro mensaje, fechado el 12 de mayo de 2024, apunta directamente al dinero: «Estaba pensando en lo que me quiere pagar Santos lo podría hacer a través de Andalukadi directamente, no?». Según la investigación, esa vía de pagos es una de las piezas que ahora se analiza para saber quién ordenaba, quién ejecutaba y quién pagaba.
El auto sitúa a Santos Cerdán en una posición de dirección dentro de la presunta organización. Según las informaciones publicadas, las decisiones de carácter estratégico habrían partido de él, mientras que la ejecución habría recaído en otros investigados, entre ellos Leire Díez, Vicente Fernández y Antxon Alonso. Ese núcleo habría usado un grupo llamado Hirurok, en euskera «nosotros tres», desde el que coordinaban reuniones, repartían tareas y cuidaban los canales de comunicación. Muy discreto todo, hasta que algunos mensajes quedaron donde no debían quedar. ¡Vaya!
Pagos, Ferraz y causas incómodas
La investigación también analiza pagos a Díez a través de una consultora vinculada al histórico dirigente socialista Gaspar Zarrías. Según el relato conocido, la fórmula habría servido para abonar 4.000 euros mensuales desde el entorno del partido. En otra conversación, Díez escribió a Fernández: «Tendrás que hablar con Santi también porque él es tu cliente en última instancia».
El objetivo de esas actuaciones, siempre según la investigación judicial y las fuentes citadas, habría sido desestabilizar procedimientos que afectaban al PSOE, al Gobierno y al entorno familiar de Pedro Sánchez, incluida su esposa, Begoña Gómez, y su hermano, David Sánchez Pérez-Castejón.
La Guardia Civil se paseó precisamente esta semana por la sede del sanchismo, en Ferraz, para requerir documentación en el marco de esta causa. Fuera de bromas, no hablamos de un chisme de pasillo ni de una filtración menor: hablamos de la Audiencia Nacional, de fondos del partido, de comunicaciones borradas y de una presunta estructura operando alrededor del núcleo duro socialista.
Por ahora, la investigación sigue abierta y bajo secreto. Eso obliga a separar los hechos acreditados de las conclusiones judiciales pendientes. Pero lo que ya ha aflorado es suficientemente grave: la fontanera borró conversaciones con Cerdán, pero dejó en otros mensajes una ruta que los investigadores están siguiendo.
¿Por qué es noticia?
Porque el caso no trata sólo de una exmilitante socialista con demasiados contactos. Trata de si desde el corazón del PSOE se movieron recursos, encargos y pagos para proteger al partido, al Gobierno y al entorno de Pedro Sánchez de causas judiciales incómodas.
Y eso, querido lector, no es precisamente una anécdota administrativa. También importa porque muestra el dato que muchos intentan envolver entre tecnicismos: los mensajes borrados apuntan a Cerdán, pero los que no borró Leire Díez han servido para reconstruir el mapa. Cuando Ferraz aparece en una causa así, el contribuyente tiene derecho a mirar hasta el último cajón. Lástima que haya tantos cajones que revisar. Y con eso juegan.
