Musk estrena el cohete que puede devolver a los americanos a la Luna: Starship V3 avanza pese a algunos fallos técnicos

Elon Musk ha vuelto a poner en jaque a las agencias espaciales estatales de medio mundo. Este viernes 23 de mayo de 2026, desde Starbase en Texas, el fundador de SpaceX lanzó con éxito la tercera generación de su Starship, el cohete más poderoso jamás construido. Aunque no fue un vuelo perfecto -varios motores fallaron y el propulsor se perdió en el mar-, la nave principal amerizó controlada en el océano Índico.
¿Por qué es esto importante? Porque este monstruo de más de 120 metros es la clave que necesita Estados Unidos para volver a pisar la Luna en los próximos años, algo que los programas públicos europeos solo sueñan con conseguir mientras gastan miles de millones con pocos resultados. Imagínate, lector, un empresario apostando su propio dinero y avanzando donde los burócratas se estancan.
Tú lo sabes tan bien como nosotros: mientras Europa sigue atrapada en la lentitud de la ESA y dependiente de la NASA, Musk demuestra que la iniciativa privada y la libertad económica son el verdadero motor del progreso. SpaceX ha rediseñado completamente esta tercera generación con motores Raptor más potentes y sistemas mejorados. El objetivo era un vuelo suborbital de prueba, y aunque se perdieron motores durante el ascenso y no se completaron todas las maniobras previstas, el avance es innegable respecto a pruebas anteriores.
Mientras algunos miran para otro lado ante los retrasos de los programas estatales, Musk sigue empujando para cumplir con el programa Artemis. China acelera su carrera espacial y Occidente no puede permitirse quedarse atrás.
Starship
Starship no solo es tecnología: representa la ambición sin complejos de quien arriesga capital privado en lugar de dilapidar el dinero de los contribuyentes. En un momento en el que los españoles estamos hartos de ineficiencias y subvenciones eternas, ver cómo un visionario como Musk avanza hacia Marte y la Luna genera admiración y, por qué no decirlo, cierta envidia sana.
La lección es clara: donde hay libertad económica y talento sin cortapisas ideológicas, el progreso es imparable. SpaceX no espera permisos infinitos ni excusas. Avanza, falla, corrige y vuelve a intentarlo. Eso, amigo lector, es lo que realmente nos llevará de nuevo a la Luna y, quién sabe, más allá.
