Le360 presenta a Pedro Sánchez como un dirigente marcado por Marruecos y por una corriente que reivindicaría el retorno del islam tras 1492

El medio marroquí Le360, señalado desde hace años como una cabecera muy próxima al poder marroquí y al entorno del Palacio Real de Mohamed VI, ha publicado (ver artículo aquí) un retrato político de Pedro Sánchez que debería encender todas las alarmas en España. Y no es por una frase suelta, ni por una interpretación aislada, sino porque presenta al presidente del Gobierno como parte de una corriente que, según el propio texto, propugnaría el retorno del islam interrumpido en 1492 por la Reconquista.
En la redacción de INCENSURABLES.com, desde luego, no vemos en absoluto normal que una publicación muy cercana al ecosistema político de Mohamed VI describa a Sánchez como un dirigente cuya relación con Marruecos no sería sólo diplomática, sino histórica, identitaria y casi personal. Traducido al español llano: desde Rabat se está vendiendo la idea de que el presidente español entiende España mirando hacia Marruecos y hacia el islam como una pieza perdida de la nación.
Le360 atribuye a Sánchez una corriente que reivindicaría el retorno del islam
El artículo, titulado Pedro Sánchez et le Maroc: la fascination secrète, sostiene que Sánchez se habría adherido al «régénérationnisme», que el propio medio define como un movimiento intelectual clandestino que «propugna el retorno del islam interrumpido en 1492 por la Reconquista». Una afirmación que no habla de simple laicismo, ni de diálogo interreligioso, ni de cooperación vecinal. Habla de una lectura ideológica en la que la Reconquista aparece como una interrupción histórica que habría que reparar… y que apoya y lidera Pedro Sánchez.
Y es que conviene subrayarlo con precisión periodística: esa pertenencia de Sánchez a una corriente clandestina es una afirmación de Le360, el medio del régimen. Y precisamente por eso resulta aún más relevante: lo inquietante es que una cabecera marroquí tan alineada con el relato del poder de Rabat, y que Mohamed VI utiliza para manipular a Marruecos, presente así al jefe del Gobierno de España.
El retrato va mucho más allá. Le360 afirma que, para esa corriente, la Reconquista no habría cerrado una etapa extranjera, sino que habría «roto el verdadero impulso de España». También describe Al-Ándalus como una edad de oro interrumpida y sostiene que, al expulsar a los moros, España habría expulsado «una parte de sí misma». Es decir, el artículo no se limita a comentar el pasado: intenta reescribir el marco simbólico desde el que España debe entenderse. Ese marco que el citado medio apoya el sanchismo.
La islamización de España como lectura política del relato marroquí
La palabra incómoda es islamización, y aquí no vamos a censurarla. Cuando un medio próximo al poder marroquí presenta la integración musulmana, la inmigración marroquí y la recuperación simbólica de Al-Ándalus como piezas de una misma visión política, la discusión deja de ser académica. Pasa a ser un debate sobre soberanía cultural, identidad nacional y poder blando.
El artículo vincula esa supuesta visión con una España que, bajo Sánchez, «regulariza y acoge» más inmigración marroquí, se aleja de los reflejos católicos y multiplica gestos hacia la comunidad musulmana. Ese es el núcleo político de la pieza: Marruecos no aparece como un vecino complicado, ni como un socio con intereses propios en el Sáhara Occidental, Ceuta, Melilla, la inmigración o la pesca. Aparece como una clave para releer lo que España fue y lo que, según esa mirada, debería volver a ser. Acojonante.
Medio millón más de población de origen marroquí desde que Sánchez llegó al poder
La dimensión demográfica ayuda a entender por qué este debate no es una rareza de despacho. Según el cálculo elaborado a partir de series oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE), si se suman los residentes con nacionalidad marroquí y los nacionalizados españoles de origen marroquí acumulados, la población de origen marroquí en España habría pasado de 994.498 personas en 2018 a 1.485.513 en 2025. La diferencia es de 491.015 personas: casi medio millón más desde que Sánchez llegó a La Moncloa. ¡Y eso sin contar los inmigrantes ilegales!
Claro, querido amigo, esas cifras oficiales no incluyen la inmigración irregular marroquí, que por su propia naturaleza ilegal no figura en las series administrativas ordinarias. Dicho de otra manera, el volumen real de presencia marroquí vinculada a España es, obviamente, muy superior al que muestran los registros. Registros que, al ser oficiales, están controlados por un Estado dirigido por, según prensa afín a Mohamed VI, alguien que quiere que a España vuelva el islam. Destrozando aquello que culminaron los Reyes Católicos.
Felipe González, Zapatero y el hilo marroquí del PSOE
Le360 no coloca a Sánchez solo en ese mapa. El texto sitúa también a Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero dentro de esa tradición política o intelectual que mira al sur. A González lo presenta como un dirigente con una relación íntima con Tánger y con Marruecos; a Zapatero, como el hombre de la Alianza de Civilizaciones y del discurso sobre la parte mora que, según esa visión, permanecería en cada español.
El objetivo del artículo es claro: construir una genealogía socialista de acercamiento a Marruecos, desde González hasta Sánchez, pasando por Zapatero. Y esa genealogía no se presenta solo como diplomacia. Se presenta como una forma de leer España: menos Reconquista, menos catolicismo, más Al-Ándalus, más islam español y más Marruecos como «pieza que falta» para reconciliar al país con su pasado.
Un marco que resulta especialmente delicado porque Marruecos no es un actor neutral para España. Es un país vecino, sí, pero también un Estado con intereses directos sobre asuntos estratégicos: Ceuta y Melilla, control migratorio, cooperación policial, presión fronteriza, comercio, energía, pesca y el siempre sensible expediente del Sáhara Occidental. Que una cabecera cercana al poder marroquí convierta al presidente español en protagonista de un relato de retorno islámico no es una anécdota cultural. Es propaganda política con perfume histórico.
El relato de Marruecos: «España no se entiende sin Rabat»
La conclusión de Le360 es todavía más reveladora. El medio sostiene que España no se comprende contra Marruecos ni lejos de él, sino «por él» y «a través de él». También afirma que el Reino de Marruecos sería la pieza que falta en la reconciliación de España con su pasado. Una formulación de poder simbólico: Rabat se coloca como llave interpretativa de la historia española.
En paralelo, otros relatos publicados en la prensa marroquí han insistido en la idea de una relación entre España y Marruecos profundamente unida por la migración masiva, la geografía, Al-Ándalus, el protectorado y los flujos humanos entre ambas orillas. Esa narrativa presenta la «aventura compartida» entre ambos países como algo que no ha terminado. La pregunta es evidente: ¿Compartida en pie de igualdad o dirigida desde los intereses de Rabat?
¿Por qué es noticia?
Es noticia porque un medio marroquí próximo al poder de Mohamed VI ha atribuido a Pedro Sánchez una visión de España vinculada al retorno simbólico del islam, a la rehabilitación política de Al-Ándalus y a una relación con Marruecos presentada como algo mucho más profundo que la diplomacia. Y cuando el relato sale desde el entorno mediático de Rabat, no hablamos de literatura: hablamos de intereses nacionales, influencia y poder blando.
También es noticia porque ese discurso llega en plena transformación demográfica de España, con casi medio millón más de población de origen marroquí registrada o nacionalizada desde 2018, sin contar la inmigración ilegal que no entra en esas estadísticas y que multiplicaría esas cifras. Si a alguien le parece normal que desde Marruecos se celebre a Sánchez como el dirigente que ayuda a releer España en clave islámica y marroquí, quizá el problema no sea la noticia, sino la anestesia nacional.
