Lukashenko excluye a Meloni de una mediación con Moscú por ser mujer, mientras Podemos y Sumar ya evitaron condenar sus crímenes en la Eurocámara.

Aleksandr Lukashenko, el dictador bielorruso aliado de Putin, ha despreciado a Giorgia Meloni por ser mujer al opinar sobre quién debe liderar el diálogo europeo con Moscú. El mismo personaje al que Podemos y Sumar evitaron condenar en Bruselas por el traslado ilegal de niños ucranianos a campos de rusificación. Casualidades, querido lector, las justas.
Lukashenko ha contado algunos detalles sobre una conversación reciente con Emmanuel Macron, en la que le trasladó que él, como líder europeo con más años en el poder, debía asumir el papel principal en los contactos con Moscú. Para descartar a Meloni, soltó la perla: en Italia hay «una donna» como primera ministra
La frase completa deja poco margen para el maquillaje: «Vuoi mettere questo peso su una donna?». Traducido al español: «¿Quieres cargar ese peso sobre una mujer?». Y es que así entiende la diplomacia el caudillo de Minsk: si eres mujer, aparta, que hablan los hombres. Giorgia Meloni, por cierto, preside un país del G7. Poca broma, dictadorcillo.
El feminismo selectivo de la izquierda española
Aquí viene la parte que algunos preferirían meter debajo de la alfombra. En enero de 2025, Irene Montero, Clara Serra, Estrella Galán y Pernando Barrena -Podemos, Sumar y EH Bildu- se abstuvieron en una resolución del Parlamento Europeo (consultar aquí) para condenar las violaciones de derechos humanos del régimen de Lukashenko y el traslado ilegal de niños ucranianos a campos de rusificación.
En la votación del Parlamento Europeo sobre Bielorrusia, los eurodiputados españoles votaron mayoritariamente a favor de, básicamente, denunciar la represión del régimen de Lukashenko, las elecciones fraudulentas y su apoyo a Rusia en la guerra de Ucrania. PP, Vox y PSOE apoyaron esa condena. En cambio, Irene Montero e Isa Serra, de Podemos, se abstuvieron.
No hablamos de una enmienda menor sobre el color de las cortinas de Bruselas. Hablamos de niños ucranianos, adoctrinamiento, rusificación y un régimen pegado a Moscú. El Parlamento Europeo, además, reiteró en esa resolución que no reconocía a Lukashenko como presidente legítimo de Bielorrusia, calificó las elecciones como fraudulentas y denunció la represión sistemática del régimen. También pidió reforzar sanciones contra los responsables de la represión y de la participación bielorrusa en la guerra rusa contra Ucrania.
El retrato del régimen no lo hace precisamente un panfleto ultra. Carnegie Endowment lo define como un sistema autoritario altamente consolidado, con control político, restricciones a la protesta y una relación estructural con Rusia. Vamos, lo que cualquier persona sin anteojeras llamaría una dictadura postsoviética de manual.
¿Por qué es noticia?
Porque el episodio muestra dos cosas a la vez: el machismo brutal de un dictador aliado de Putin y la incomodísima hemeroteca de una izquierda española que presume de feminismo, derechos humanos y democracia, pero se pone de perfil cuando el condenado es Lukashenko y el asunto afecta a Ucrania.
Y porque otros medios te contarán la frase contra Meloni como una salida de tono más, pero aquí añadimos el dato que molesta: Podemos, Sumar y los proetarras ya quedaron retratados en Bruselas ante una resolución que denunciaba los crímenes de ese mismo régimen. El feminismo selectivo, como siempre, elige muy bien cuándo indignarse.
